¿Sabes que eres el espejo de tu “JEFE”?
El día de hoy quiero hablarte de cómo una persona que dice llamarse “JEFE” intenta dañar tu autoestima, simplemente porque tiene la suya destruida.
¿Te ha pasado que llevas muchos años recibiendo feedback positivo en tus trabajos porque eres una persona comprometida, trabajadora y responsable, y de repente te encuentras con un jefe poco motivador, irrespetuoso, de escasa educación, que pareciera no ver nada positivo en ti? Si te ha pasado, sabes que lo que sigue es que el trabajo, que hasta ahora había sido tu motor, se convierte en tu peor pesadilla.
Estoy aquí para explicarte que nada de lo que él dice tiene que ver contigo. Sí, así como lo lees. No te deprimas. Realmente lo que sucede es que esa persona está viendo en ti lo que él o ella no ha logrado con el tiempo. En pocas palabras: esa persona quisiera ser como tú.
No te hablo de logros materiales ni de cargos laborales, porque si es tu jefe, tiene una posición, tanto laboral como económica, seguramente mejor que la tuya. Pero tu magnetismo, tu buen proceder y que todo el mundo hable bien de ti, sencillamente no lo soporta, porque no es capaz de generar nada positivo en su entorno.
Son las típicas personas “workaholic” porque suelen tener poca vida privada, no saben divertirse y su único tema en las reuniones es “el trabajo".
Es muy común que, para hacerse respetar —porque no son respetables— te llamen la atención en público y dando voces para que todos lo escuchen. Esto, de verdad, debería estar prohibido, ya que no genera nada positivo. Es una táctica muy antigua y obsoleta, y está comprobado que solo sirve para dañar la autoestima, crear un ambiente de terror que daña la salud de las personas que lo rodean.
Usualmente, el primer día de trabajo te dice que lo llames por su nombre para que creas que es “cercano”, y posiblemente, te lleve a comer al mismo restaurante donde ha llevado a todos sus subalternos, seguramente a uno de esos de comidas raras, porque cree que así te va a sorprender. Esto le sirve para sentirse grande y poderoso porque, inconscientemente, es una persona insegura y vulnerable.
Nos han metido en la cabeza que al jefe solo se le escucha porque tiene más jerarquía y autoridad; que nunca debes pasar por encima de tu jefe y jamás llevarle la contraria o hacer algún reclamo delante de clientes y/o compañeros… Pues ese código debería respetarse para ambos lados. El miedo a perder el trabajo es la causa más común para soportar estos agravios laborales pero, lo cierto es que no es motivo de despido pedir respeto si no te lo dan, no es motivo de despido, aclarar situaciones en las que estás siendo maltratado.
Simplemente, es tu derecho.
Un “JEFE” no puede pedir respeto si no lo da. No puede exigir trabajar horas extras sin remuneración. Más bien, por ser ”JEFE” debería revisar si el fallo está en su forma de gestionar o distribuir el trabajo o se debe a que solo reclamar y no resaltar los aspectos positivos, no está aportando motivación, lo que genera empleados desgastados y poco asertivos.
Por eso estos “JEFES” suelen criticar a los “JEFAZOS” que motivan, forman equipo y hacen que sus “subalternos” sean compañeros, y les ponen motes como “blanditos”.
Qué equivocados, anticuados y erráticos. Solo puede formar un equipo valioso alguien que se aprecia a sí mismo y reconoce su poder y valía desde la humildad y no desde el ego. Vivo con uno de esos “JEFAZOS” y recientemente conocí a otro(JJ) Pongo las iniciales de su apodo para que no se confunda.
Son personas magnéticas con las que todos quieren trabajar, siempre dispuestos a aportar para engrandecer el lugar donde laboran, siempre atentos a lo que los demás puedan requerir de ellos. No solo te preguntan cómo vas en el trabajo, sino que también te preguntan, cómo está la familia. Son seres humanos de los que solo se puede recibir cosas positivas y no es que no te llamen la atención si es necesario, sino que lo hacen desde el respeto, dándote consejos, no solo reprimendas como si fueras un niño.
Ahora bien, no todo se lo podemos cargar al “JEFE”, porque si tú no pones límites, eres tan responsable como él de la situación. Por eso es que llegas a casa desgastado, porque tu molestia también es contigo mismo; por la respuesta que no diste, porque no te defendiste o simplemente porque no crees tanto en ti como deberías.
Si te sucede esto, haz un ejercicio; Mientras escuchas la reprimenda de tu “JEFE”, solo imagina que eso que te está diciendo, se lo decía a él su madre, su padre o un maestro. Imaginalo pequeño, con la cabeza baja recibiendo tal maltrato. No lo escuches desde tu niño herido, escuchalo desde el adulto que sabe que eso no tiene que ver contigo y en cuanto puedas, en un momento más tranquilo, acércate a él o ella y expresale lo que sientes. No te aseguro que pueda salir bien ya que en su mayoría son personas que tienen un Ego muy elevado y posiblemente lo vean como una ofensa ya que solo ellos pueden ofender pero, lo que sí te aseguro, es que si esa es su actitud, lo mejor que te puedes hacer es correr, porque nunca va a dejar de maltratarte. Te aseguro que cuando aprendas a poner límites te sentirás liberado y empoderado.
Así que la próxima vez que tu “JEFE” alce la voz o te desvalorice ya sea en privado, delante de tus compañeros, amigos, clientes… solo pon límites y lo que diga no lo tomes como una verdad.
Si bien es verdad que el pobre no sabe hacerlo mejor porque fue un niño maltratado, y eso es lo que sabe hacer, “maltratar”, no va a ser a tí al que continúe maltratando.
Nunca bajes la cabeza ni muestres vulnerabilidad porque estos sujetos, se aprovechan de los vulnerables.
Tu eres fuerte, único(a) y muy valioso(a). Si tú te valoras, los demás aprenderán a valorarte con total seguridad.

